viernes, 16 de febrero de 2018

Concierto a la vista!


Ha pasado mucho tiempo desde mi ultimo concierto, tambien muchos viajes y virajes, muchas experiencias increibles que quienes hayan seguido mi blog habrán podido entrever. La poesía no nace solo en un escritorio. La poesia se alimenta del hambre y de la sed, de las madrugadas frias, casi heladas que a veces nos encuentran sin embargo con una sonrisa vital a pesar de todo. La musica tampoco nace solamente de la tecnica, esto es una etapa necesaria, pero no podremos expresar el sueño sin haberlo soñado antes. Por eso os invito a venir el proximo dia 24 de febrero a las 20:30h a "elmundo26" c/ Puerto Rico 26 (Ruzafa)  donde podreís escuchar las canciones que llevo forjando (no es poco acertado el verbo) a lo largo de todo este tiempo. Ademas podreis escuchar algunos relatos y poemas de tantas y tantas aventuras. Os espero el dia veinticuatro. Un gran abrazo.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Feliz San Valentin




Primero diras que me amas, que llevas tiempo detras de mi, que te encanta como soy y que sueñas con venir conmigo a dar la vuelta al mundo, a lugares lejanos, a perderte, a ser libre, a escapar de tu café con facturas y de tu laberinto en cuarentena. Con tener muchos hijos, un burro, un barco, una casa en el cielo, un jardin en el mar. Tanto lo diras que probablemente te crea, una vez mas. Probablemente iremos juntos a algun lugar hermoso y te brillen los ojos, sientas las piernas fuertes, sujetando tu destino, seas unica, ánade hacia Egipto. Cantarás conmigo porque estará permitido, te emocionaras con mis canciones y con mis poesías. Probablemente hagamos el amor bastantes veces, para que quede claro cuanto nos amamos, fijado en lo mas hondo, lleno de risa, lleno de locura, lleno de amor. Despues, yo no se cuando, te creeras que me tienes y te costara ir hasta la playa, aduciras que "el humo en la ropa", que mañana trabajo, que esas cosas de crios. Volveré solo a surfear y tu ni te acordaras de como se hace el "take off". Hacer el amor será un paisaje extraño, innecesario, lleno de rencores, un malpais, una espina de recuerdo peligroso. Probablemente llegará un momento en el que nos veamos al amanecer unos segundos o antes de dormir un rato, a veces a las cinco coincidamos en la entrada, antes de que te vayas a algun lado despues de despedirte de los perros. Quien sabe, quizá no nos volvamos a ver un dia, yo me largue como siempre, con mis canciones al pais de la libertad con el cuervo negro que me sigue y vea escrito Mektub en la arena. Quien sabe, quiza ya tienes otro sueño con el que dar la vuelta al mundo y por eso hay una rosa roja en el salón, una rosa inocente que no sabe nada de caprichos humanos ni de despedidas.

viernes, 29 de diciembre de 2017

El regreso

Una bandada de cuervos sobrevuela Chartres, caen en picado y vuelven a subir, parecería que los girasoles les siguen, parecería que el viento esta bailando, diríase que siguen a alguien allí abajo que camina despacio, que regresa de un lugar lejano, camiseta azul con raya en medio, equipaje justo.
—¡Rex! ¡querido amigo! ¿pero de donde vienes con ese atuendo? ¿te has hecho futbolista?
—Te he dicho mil veces que no me llames así Pierre...
—esta bien, lo siento Max...
—Así tampoco.
—Bueno bueno, siéntate aquí con tu viejo amigo Pierre y cuéntame tus aventuras. Me dijeron que cruzaste el mar.
—He hecho un pequeño viaje, quería ir mas allá, quien sabe si mañana hubiese podido. ¿Se sabe algo de mañana?
—¿de mañana?
—Si ¿alguien consiguió llegar?
—¿a donde? me estas confundiendo Jean...
—A donde va a ser Pierre ¡a mañana!
—¡Oh! dios mio, me vas a volver loco un día de estos. Todavía no, sin embargo la gente lo intenta una y otra vez y se sacrifica el día como un cebo para fantasmas. ¡Jean! ¿pero a donde vas ahora? ¡acabas de llegar!
—Volveré en una hora, acabo de acordarme de algo que tengo que hacer ¡y es ahora o nunca!.

Contrariado Pierre vuelve a sus asuntos, frente al cuadro que estaba pintando, con sus colores y sus pinceles, inclinado levemente hacia adelante mientras una bandada de cuervos pasa sobre su cabeza.


La Casa de Jean es un vagón de tren abandonado en un prado que ha ido restaurando poco a poco. En su interior guarda un autentico museo. Abre la cerradura con una llave de otro tiempo y la puerta chirría al abrirse. Por fin esta en casa. Se sienta en su sillón, tan grande que podría abarcar a dos personas, mira a su alrededor y se pregunta en que lugar va a colocar lo que tiene en su bolsillo.

Finalmente en un estante, junto a una botella verde, decide colocar una especie de vaso hecho con una calabaza, del cual emerge una especie de tubito de plata. De pronto descubre que en el fondo del vaso hay algo, parece un papel. Se queda petrificado, no quiere imaginárselo pero quizá alguien del avión tratase de comunicarse de forma secreta con él ¡tal vez necesitase ayuda!. Le tiemblan ligeramente las manos. Quizá se trate únicamente de una servilleta para evitar la humedad.
Finalmente decide utilizando dos dedos extraer el papel del fondo del vaso, lo abre, hay algo escrito:

—¿volverás o tendré que ir a buscarte?

Jean se relaja y sonríe para si. Hay una dirección en el papel. Es improbable que alguien haga semejante viaje solo para verme —piensa— pero sin embargo...
quizá, quien sabe, ella descubriese la dirección de él. Jean pensó que el frigorífico de aquella casa era un buen lugar para dejarla, junto a un queso de bola. Quien sabe.

Vuelve a sentarse en su sillon y se queda profundamente dormido. En el tejado del vagón los cuervos también duermen.




  

jueves, 14 de diciembre de 2017

Jean se va, al otro lado del mar (Segunda parte)

Pensando todavía en el naufrago al que ha visto en el vagón del subterráneo, Jean camina hacia la salida, hacía la luz, una luz que se cuela entre las nubes grises, una luz entre vidriera de pastelería y de fondo del mar. Afuera, no sabe muy bien a donde ir, así que camina en linea recta hacía donde le parece mas interesante. Se detiene frente a una tienda y compra una camiseta azul con una linea amarilla cruzando el pecho que le llama la atención, decide irse con ella puesta, cinco pesitos, regalo para usted que hoy es un día especial y los chicos ganan seguro —le suelta jeroglificamente la vendedora, que la lleva puesta también—. A lo lejos se ven colores, casitas pintadas graciosamente aquí y allí, así que se encamina tranquilamente, silbando, las manos en los bolsillos. De pronto la calle se adoquina y hay contados de momento unos cinco vendedores de bocadillos cada veinte metros. Sin embargo de pronto todas las tiendas empiezan a cerrar al mismo tiempo. En el intervalo entre las cinco cincuenta de la tarde y las seis, Jean François, clochard emerito de Moulins, ve aparecer a una multitud, es arrollado, vitoreado, elevado en hombros y finalmente conducido hacia un gigantesco edificio donde asiste atónito al mas increible partido de fútbol que pudiese imaginarse, a su alrededor la gente grita consignas incomprensibles "maradó, maradó" es una de ellas. Finalmente llega a la conclusión de que están cantándole a algún tipo de entidad supraterrena y el también se levanta y grita la consigna, seguido por miles de voces, aparece en él un cariño inaudito hacía un deporte que hasta ese momento le fue relativamente desconocido.
Las siguientes noticias que se tienen tras el partido, aluden a que despierta en una de las casitas de colores con un incomprensible dolor de cabeza y abrazado por una hermosa muchacha rubia a la que sintiéndolo profundamente tiene que abandonar sin hacer ruido, a ella y a los demás habitantes de la casita de colores —Au revoir hermoso barrio, quizá vuelva algún día — Susurra mientras poco a poco se aleja adoquines arriba con su camiseta azul y amarillo y unos grandes labios rojos estampados en la frente.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Jean se va, al otro lado del mar

Han sido al menos catorce horas en un avión, tres de las cuales las ha dedicado a mirar por la ventanilla. Intentando ver allí abajo un barco vikingo, pues según sus teorías ese tipo de barcos siguen atravesando los mares, tal vez tripulados, tal vez no. Quizá abandonados a las eternas corrientes atlánticas, lo cierto es que en algunas ocasiones se jura a si mismo que allí, a unos diez mil metros ha logrado ver mas de un Drakkar. algunas de esas horas también las dedica a pasear arriba y abajo por el pasillo del avión, inventando posibles historias acerca de cada uno de los viajeros. Que zapatos mas gastados —piensa mientras mira de soslayo haciendo como que espera a que sea liberado el baño— probablemente recorriese miles de kilómetros con ellos, seguro que hizo una promesa y llego hasta china, aunque probablemente entonces no serían los mismos zapatos... bueno podría haberlos guardado en su mochila y haber continuado descalzo tras conocer a un monje, el cual le acompañaría hasta un antiguo monasterio perdido en los Himalayas.
Finalmente dedica las ultimas horas de su viaje a dormir. Ya en el ultimo tramo piensa en su impulsividad, irse tan lejos ahora, porque quien sabe si nunca llega el momento y siempre me va a quedar por visitar este lugar del que tanto me han hablado, especialmente Pierre que como en una letanía le cuenta de vez en cuando, lo tanto que lo añora.

A las ocho en punto de la mañana, Jean François, clochard emérito de Moulins, sale por fin del aeropuerto y atravesando a toda una jauría de taxistas ilegales se encamina a encontrar el primer autobús que pueda.

Poco tarda en averiguar que se ha metido en una buena, hay que cambiar de moneda, o ir andando... bien, ira andando y luego cambiará de moneda.

Lo primero que le llama la atención es que las calles parecen no acabar nunca, y que tienen agujeros por los que, entre los adoquines parece emerger la arena de la playa. Se sienta en un banco, aquí todo parece detenido en el tiempo —piensa—.
Un autobús pasa con un asiento sobresaliendo por la ventana, sin duda ese es el suyo, según sus averiguaciones tiene que tomar el ciento sesenta y ocho, así que extiende el pulgar tranquilamente y el autobús no se detiene en absoluto. Desconcertado mira hacia los lados y una señora con un gorro de lana y un paraguas le explica que cuando los cojines asoman por la ventana significa que va averiado y que ya vendrá el siguiente. El siguiente también viene averiado, y el siguiente, así que tras hacer amistad, él y la señora van a hacer dos cosas.
La primera, ella le va a llevar a un lugar seguro donde cambiar su dinero.
La segunda, van a ir en "el subterraneo" —al oír esto Jean François siente una extraña excitación—.
—¿el subterraneo?
—Si, le llamamos así, tenemos que caminar un poco pero vas a llegar a tiempo.

Una vez a bordo de la linea "A", Jean François esta imaginando la historia de un chico que lee tranquilamente en un asiento, vestido con lo que parece una sabana y con unas babuchas rojas. Estela (que así se llama su nueva amiga) le dice que "se ha escapado del Borda" pero Jean ya tiene en su cabeza la verdad sobre lo que le pasó. Viajaba en un barco exclusivamente dedicado a la importación de quesos manchegos ahumados y contrabando de tabaco de andorra, cuando el barco colisionó contra otro barco de transporte de neveras chinas, los dos barcos naufragaron sin remedio, pero él logro escapar utilizando una nevera como si se tratase de un bote de remo, una vez en tierra y dado que la catástrofe lo había encontrado durmiendo, tuvo que apañarse con lo que le ofrecieron en el puerto al que había llegado.

—¡Jean! ¿me estas escuchando? creo que la siguiente es tu parada — le dice Estela sacándolo del curioso trance en el que parecía haber caído mirando al loco del asiento—.

Se acerca al chico y tras sacar unos pantalones  y una camiseta de su maleta, los deja delicadamente junto a el y se retira andando hacia atrás.

Luego se despide de Estela, que mueve la cabeza hacía los lados de una manera incomprensible, y se apea del "subterraneo" en la parada equivocada.







lunes, 27 de noviembre de 2017

El bisonte y el conejo

Los dos están sentados en la tierra, uno apoyado sobre un inmenso roble, el otro sobre un pedrusco plano, los brazos abrazando las rodillas, la mirada perdida en el generoso nido de una cigüeña, o a lo mejor un poco mas cerca, en los zapatos olvidados de cualquier manera en la orilla del Allier:

—Me gustan tus zapatos, supongo que a ti también, si sopla algo de viento se los llevara el río, y no tienes muchos ¿vas a ir descalzo a partir de ahora mi querido Jean?

—Pierre.. se que te encanta meterte en los zapatos de los demás, no voy a ser yo quien censure una practica tan enriquecedora, pero se exactamente donde he dejado mis zapatos, es improbable que el viento los arrastre hasta el agua— Responde tranquilamente Jean François, clochard emérito de la ciudad de Moulins

—Los perderás... y tendrás que ir descalzo Jean, iras descalzo desde Moulins hasta Chartres el próximo domingo, y quien sabe si va a caer la nieve, hoy hay un sol radiante, es verdad, pero la nieve aquí llega de pronto y hay que estar preparado, si quieres me levanto y los muevo un poco hacia nosotros...

—Ni se te ocurra tocarlos, me gustan así, con los cordones sueltos, y esa luz que cae, son bonitos allí, ademas te he dicho que no sopla nada de viento. Pierre ¿conoces la historia del conejo y el bisonte?

—Creo que nunca me la has contado

—Bien, pues presta atención:
Hace muchos años vivía en una caverna un bisonte, afuera las nieves se perpetuaban y él debía andar durante muchas horas para llegar a los prados verdes que de una forma misteriosa existían al otro lado de la montaña, pero cada mañana se levantaba y caminaba sobre la nieve hasta llegar allí.
Un día encontró a un conejo en el prado. El bisonte nunca había visto un conejo y ciertamente tuvo miedo de que aquel competidor arrasara su querido prado, gracias al cual podía vivir en su cueva, así que tomando carrerilla trato de embestirlo. Por supuesto el conejo lo esquivo sin gran esfuerzo y colocándose detrás de él le dijo: —No se que eres ni de donde sales, pero esa no es una forma de saludar, si algo te ha molestado deberías hablar conmigo antes ¿no crees?

El bisonte se detuvo perplejo ante la muestra de agilidad y razonamiento de aquel extraño y diminuto ser y contesto:
—este es el lugar donde yo me alimento, vivo en una cueva y afuera siempre hay nieve, no puedo permitir que te comas la única comida que tengo...

—¿así que crees que este es el único prado que hay cerca de aquí? ven conmigo, te enseñaré otro lugar, pero tendremos que atravesar esas montañas y dejaremos atrás todo lo que has conocido hasta ahora.

El bisonte miro hacía atrás, allí arriba estaba su montaña, eternamente nevada, y en algún lugar su cueva, dudo un instante y después se dirigió de nuevo al conejo:

—Escucha te agradezco el ofrecimiento pero no te creo, nadie me asegura que mas allá existan mas prados, y ahora debo volver, empieza a caer la tarde y aun debo caminar mucho.

—Como quieras — Zanjó el conejo, y se marcho rápidamente mientras el bisonte por su parte volvía lentamente a su cueva.


Pierre miraba de hito en hito a Jean François esperando que continuase la historia.

—¿y ya esta? ¿pero que rayos de historia es esa? ¿no se acabará así? ese bisonte es un cabezón, como tú, que ya deberías haber recogido tus zapatos

—Pierre — dijo suavemente Jean Fraçois, algún día te contare la siguiente parte de esta historia, ahora puedes reflexionar acerca de la actitud del bisonte y el conejo, o puedes sencillamente plantearte que vas a comer hoy.

En ese momento una suave brisa movió las copas de los arboles, bajo deslizandose, tomando velocidad en la curva de los antiguos troncos, despeino a los dos amigos y envió los zapatos de Jean François a donde quiera que quisiese el río.


jueves, 23 de noviembre de 2017

La botella verde

Sobre la acera hay una botella, verde oscuro, parece que dentro tiene algo.
La calle esta desierta excepto por un gato que lo observa todo desde lo alto de un muro.
Jean François, clochard emérito de Moulins se agacha y observa la botella, tratando de adivinar que es lo que la habita. Cierra un segundo los ojos e imagina que quizá alguien la lanzase al mar desde el otro extremo del mundo, tal vez alguien que como él, se dedicase en cuerpo y alma a avivar el fuego de los sueños prohibidos. Abre los ojos, durante unos momentos se pregunta si sería mejor no tocarla, dejarla allí en medio, a merced de los gatos, a merced de los niños y de las gentes demasiado educadas, que no repararían en su color verde especialmente oscuro. Esta sellada, sin embargo... esta vacía. Vuelve a cerrar los ojos y se le ocurre que quizás alguien en algún lugar del mundo necesita ayuda, que es urgente abrir esa botella, que él es el elegido para esa misión, en un impulso coloca la mano sobre la botella pero rápidamente la vuelve a a apartar; ¿y si se tratase de un mensaje muy antiguo? quizá quien lo escribió este muerto hace siglos.
Una señora con perrito pasa muy cerca de Jean François, que esta en cuclillas, muy quieto, con los ojos entrecerrados, la mano extendida ligeramente hacía la botella. La señora con perrito ladea la cabeza hacía los lados, resopla y sigue su camino santiguándose, el perrito lanza un ladrido de advertencia al pasar junto al inmóvil Jean François.
Abre los ojos y se acerca aun mas a la botella, la toma entre las manos, la pone a contraluz, efectivamente hay algo.

A las siete de la tarde, atravesando el pueblo, se ve pasar a Jean François abrazado a una botella, como si le fuese la vida en ello.